| |
Bangkok surrealista
Publicado por Vanessa y Juan con fecha de 2008-09-29
 De compras: El círculo se cierra. Hemos vuelto con tiempo a Bangkok para intentar ser agradecidos con la familia y los amigos. Tres días de “shopping” casi acaban con nosotros. Está claro, no valemos para ello. Suena a excusa, pero ayer mismo nos plantamos en medio del vigésimo centro comercial, miramos el cartel de “exit” y con las manos vacías nos dijimos basta.
Lo hemos intentado, pero somos incapaces. En seis meses sólo artículos de primera necesidad.
Juan estuvo a punto de romper a llorar en la planta 6ª del “Parangon” mientras buscaba un fular para su madre. Miles de esas prendas se agolpaban unas sobre otras haciendo imposible su elección. Da la casualidad de que, además, tenemos vista para las cosas que exceden con creces los presupuestos. Si se te va la vista hacia una tela hermosa resulta que es una pieza de museo, bordada en oro, producida en el Triángulo de Oro, o en Cachemira. Si hay un patrón que se sale de lo corriente es que tiene 100 años, está bordado a mano y es enterito de seda. Al final y con un ataque de nervios Juan le dice a la dependienta que no está en condiciones de elegir, que está muy cansado.
Y todo esto después de tres días buscando en esos centros en los que si no estás preparado o acostumbrado acabas sobrecogido por la música machacona de cada esquina, las luces frías, el movimiento de personas alrededor y el exceso de ofertas personificado en unas gamas infinitas de colores y formas. Agotador, de verdad.
Vanessa sí que rompió a llorar en un receso que hicimos, ya atardeciendo, para fumarnos un cigarrillo. A ella, además de la frustración se le juntaba la sensación de vacío al ver que acabábamos el viaje de la misma forma que empezamos: de compras por Bangkok.
Durante el viaje nos topamos con camisas, fulares, bufandas camboyanas, hermosas piezas de artesanía y demás posibles regalos para familia y amigos, pero las mochilas no daban mas de sí. Dejamos pasar la oportunidad que no nos ha dado Bangkok.
La multa frente al Marriot: Una colilla de cigarrillo de liar expulsada en el lugar equivocado nos supuso otra nota surrealista en Bangkok. Está muy bien, oiga, hacer campaña a favor de la limpieza en un país como Tailandia. Quién dice que no. Pero claro en una ciudad en el que no hay papeleras ni ceniceros lo de la lucha contra la mierda a base de decreto ley y multa al canto a los turistas no parece que sea la solución. A no ser que los 2.000 baths vayan directos al bolsillo del señor agente.
Habíamos recorrido los seiscientos metros que nos separaban de Sukhumvit desde nuestro Atlanta cuando al pasar por el Marriot (estos días muy controlado por la policía desde lo de Islamabad) Vanessa lanza la lo que queda del cigarro de liar hacia una alcantarilla. Pocos metros más adelante nos para uno de esos policías con casco, gafas de sol, camiseta ajustada y culito prieto y nos dice mediante gestos que volvamos hacia atrás. “Se habrán equivocado”, pensamos. Pero no, el tipo nos llevó hasta una caseta donde otro agente nos preguntó nuestra nacionalidad. Solemos juguetear no diciendo la verdad de nuestros países de origen pero en este caso nos pareció oportuno decir de donde éramos.
El segundo policía cogió una hoja de un taco, en español, y empezó a rellenarla mientras nos aleccionaba sobre nuestra falta. En la hoja hablaba de la multa para los infractores turistas. Vanessa blanca diciendo que ella no iba a pagar. Juan negando al agente que tuviera dinero y David… David en su carro ajeno a la que se nos venía encima. A todo ésto ni una papelera ni cenicero pero ni por asomo y el segundo agente agarrando, como si de una pinza se tratara, el cuerpo del delito: la colilla sin filtro consumiéndose y a punto de desaparecer.
Decir que no éramos turistas del Marriot fue decisivo y después de un rato de incertidumbre el hombre movió la mano hacia delante dándonos el visto bueno para que continuáramos nuestro camino. Ni levantó la cabeza. Eso sí, Juan creyó ver como una sonrisita de victoria y benevolencia se le escapaba de entre los labios.
Fiiiiiiiiiiirmes: Andábamos por el parque de Lumpini, en los columpios. Juan veía sentado un partido de fútbol-voley de esos de pelota de mimbre y Vanessa corría tras el enano al que le gusta salir del ángulo de visión de sus padres cuando de repente los altavoces empiezan a emitir de forma estruendosa el himno tailandés.
En un abrir y cerrar de ojos la vida del parque se paró. Los pájaros dejaron de volar, los corredores dejaron de correr, los jugadores de fútbol-voley dejaron de jugar, los padres de los niños se pusieron en pie y los niños cesaron en los juegos. Hasta el viento se congeló. A Juan le pilló sentado y no se movió, pero Vanessa se encontró corriendo tras David en un escenario surrealista. Era la única persona que se movía, dubitativa eso sí, en el parque junto con David.
:: subir ::
|
|